
[Experiencia, bienes y filosofía] «Después que la experiencia me había enseñado que todas las cosas que suelen suceder en la vida ordinaria, son vanas y fútiles, como veía que todas aquellas que eran para mí causa y objeto de temor, no contenían en sí mismas ni bien ni mal alguno, a menos que afectaran mi ánimo, me decidí finalmente a investigar si existiría algo que fuera un bien verdadero y capaz de comunicarse, y de tal naturaleza que por sí solo, rechazados todos los demás, afectara el ánimo; aún más, si existiría algo que, hallado y poseído, me hiciera gozar eternamente de una alegría continua y suprema» (TlE §1) «Digo me decidí finalmente, porque, a primera vista, parecía imprudente querer dejar una cosa cierta por otra todavía incierta. En efecto, yo veía las ventajas que se derivan del honor y de las riquezas y que me veía forzado a dejar de buscarlos, si quería dedicarme seriamente a un nuevo negocio» (TlE §2). «Porque lo que es más frecuente en la vida y, por lo que puede colegirse de sus obras, lo que los hombres consideran como el sumo bien, se reduce a estas tres cosas: las riquezas, el honor y el placer. Tanto distraen estas tres cosas la mente humana que resulta totalmente imposible pensar en ningún otro bien» (TlE §3).
[Felicidad y medios] «Este es, pues, el fin al que tiendo: adquirir tal naturaleza [humana] y procurar que muchos la adquieran conmigo; es decir, que a mi felicidad pertenece contribuir a que otros muchos entiendan lo mismo que yo, a fin de que su entendimiento y su deseo concuerden totalmente con mi entendimiento y con mi deseo. Para que sea efectivamente así, es necesario entender la Naturaleza, en tanto en cuanto sea suficiente para conseguir aquella naturaleza [humana]. Es necesario, además, formar una sociedad tal como cabría desear, a fin de que el mayor número posible de individuos alcance dicha naturaleza con la máxima facilidad y seguridad» (TlE §14; ver E4AP3-9).
[Idea de Dios y método deductivo] «El método no es más que el conocimiento reflexivo o la idea de la idea. Y, como no hay idea de idea, si no da primero la idea, no se dará tampoco método sin que dé primero la idea. Por consiguiente, buen método será aquél que muestra cómo hay que dirigir la mente conforme a la norma de la idea verdadera dada. Como, además, la relación que existe entre dos ideas es la misma que se da entre sus esencias formales, se sigue que el conocimiento reflexivo, que versa sobre la idea del ser perfectísimo, es más valioso que el conocimiento reflexivo de las demás ideas. En una palabra, el método más perfecto será aquel que muestra, conforme a la norma de la idea dada del ser más perfecto, cómo hay que dirigir la mente» (TIE §38). «Resulta evidente que, para que nuestra mente reproduzca perfectamente el modelo de la Naturaleza, debe hacer surgir todas sus ideas a partir de aquella que expresa el origen y la fuente de toda a Naturaleza, a fin de que también ella sea la fuente de las demás ideas» (TIE §42; ver TIE §99; E2P7C).
[Definiciones] «Por causa de sí entiendo aquello cuya esencia implica la existencia o aquello cuya naturaleza no se puede concebir sino como existente» (E1Def1).
«Se llama finita en su género aquella cosa que es limitada por otra de la misma naturaleza» (E1Def2).
«Por sustancia entiendo aquello que es en sí y se concibe por sí, es decir, aquello cuyo concepto no necesita el concepto de otra cosa para ser formado a partir de él» (E1Def3).
«Por atributo entiendo aquello que el entendimiento percibe de una sustancia como constitutivo de su esencia» (E1Def4).
«Por modo entiendo las afecciones de la sustancia. o sea, aquello que es en otro, por medio del cual también es concebido» (E1Def5).
«Por Dios entiendo el ser absolutamente infinito, e decir, la sustancia que consta de infinitos atributos, cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita» (E1Def6).
«Se llamará libre aquella cosa que existe por la sola necesidad de su naturaleza y se determina por sí sola a obrar. Necesaria, en cambio, o más, bien coaccionada, aquella que es determinada por otra a existir y a obrar según una razón cierta y determinada» (E1Def7).
«Por eternidad entiendo la existencia misma, en cuanto se concibe que se sigue necesariamente de la sola definición de una cosa eterna» (E1Def8).
[Axiomas] «Todo lo que es, o es en sí o en otro» (E1Ax1).
«De una causa dada y determinada se sigue necesariamente un efecto y, al contrario, si no se da una causa determinada, es imposible que se siga un efecto» (E1Ax3).
«El conocimiento del efecto depende del conocimiento de la causa y lo implica» (E1Ax4)
«Una idea verdadera debe convenir con lo ideado por ella» (E1Ax6).
[Dios y naturaleza] «Todo lo que es, es en Dios, y sin Dios nada puede ser ni ser concebido» (E1P15). «De la necesidad de la naturaleza divina deben seguirse infinitas cosas en infinitos modos, esto es, todo cuanto puede caer bajo el entendimiento infinito» (E1P16).
[Hombre] «A la esencia del hombre no pertenece el ser de la sustancia, o sea, la sustancia no constituye la forma del hombre» (E2P10). «De donde se sigue que la esencia del hombre está constituida por ciertas modificaciones de los atributos de Dios» (E2P10C). «Lo primero que constituye el ser actual de la mente humana no es otra cosa que la idea de alguna cosa singular que existe en acto» (E2P11). «De aquí se sigue que la mente humana es una parte del entendimiento infinito de Dios» (E2P11C).
[Mente y cuerpo] «El objeto de la idea que constituye la mente humana, es el cuerpo, o sea, cierto modo de la extensión que existe en acto, y no otra cosa» (E2P13). «De donde se sigue que el hombre consta de mente y cuerpo y que el cuerpo humano existe tal como lo sentimos» (E2P13C). «Con esto no sólo entendemos que la mente humana está unida al cuerpo, sino también qué hay que entender por unión de mente y cuerpo. Pero nadie podrá entenderla de forma adecuada o distinta, a menos que conozca antes adecuadamente la naturaleza de nuestro cuerpo» (E2P13S).
[Los cuerpos] «Cuando algunos cuerpos de la misma o distinta magnitud son forzados por otros a que choquen entre sí o, si se mueven con el mismo o con distintos grados de rapidez, a que se comuniquen unos a otros sus movimientos en cierta proporción; diremos que dichos cuerpos están unidos entre sí y que todos a la vez forman un solo cuerpo o individuo, que se distingue de los demás por esta unión de cuerpos» (E2P13SDef).
«Si las partes que constituyen un individuo, se hacen mayores o menores, pero en tal proporción que todas mantengan entre sí la misma relación de movimiento y reposo que antes, también el individuo mantendrá su naturaleza como antes, sin ningún cambio de forma» (E2P13S, Lema 5). «El cuerpo humano está compuesto de muchísimos individuos (de diversa naturaleza), cada uno de los cuales es muy compuesto» (E2P13S, Post 1).
[Primer modo de conocimiento: imaginación] «La idea de un modo cualquiera, con que el cuerpo humano es afectado por los cuerpos exteriores, debe implicar la naturaleza del cuerpo humano y, a la vez, la naturaleza del cuerpo exterior» (E1P16). «De aquí se sigue que las ideas que tenemos de los cuerpos exteriores, indican más la constitución de nuestro cuerpo que la naturaleza de los cuerpos exteriores» (E2P16C2).
«Si el cuerpo humano ha sido afectado por un modo que implica la naturaleza de un cuerpo exterior, la mente humana contemplará ese cuerpo exterior como actualmente existente o como presente, hasta que el cuerpo sea afectado por un afecto que excluya la existencia o la presencia de dicho cuerpo» (2E17). «A las afecciones del cuerpo humano, cuyas ideas nos representan los cuerpos exteriores como presentes, las llamaremos imágenes, aunque no reproducen las figuras de las cosas; y cuando la mente contempla así los cuerpos, diremos que los imagina». (E2P17S)
«[...] a fin de comenzar a indicar qué es el error. quisiera que observarais que las imaginaciones de la mente, consideradas en sí mismas, no contienen error alguno, es decir, que la mente no yerra por imaginar, sino tan sólo en cuanto se considera que carece de una idea que excluya la existencia de aquellas cosas que imagina presentes» (E2P17S; ver IE,81-90; 1CM1).
«Por cuanto llevamos dicho aparece claramente que percibimos muchas cosas y formamos nociones universales: 1°) a partir de cosas singulares que nos son representadas a través de los sentidos de forma mutilada, confusa y sin orden para el entendimiento; y por eso suelo calificar tales percepciones como conocimiento por experiencia vaga. 2°) A partir de signos, como, por ejemplo, que al oir o leer ciertas palabras recordemos las cosas y formemos de ellas algunas ideas semejantes a aquellas con que solemos imaginarlas. A estos dos modos de contemplar las cosas los llamaré en adelante conocimiento de primer género, opinión o imaginación» (E2P40S2).
[Segundo modo de conocimiento: razón y nociones comunes] «Aquello que es común a todas las cosas y está igualmente en la parte y en el todo, no constituye la esencia de ninguna cosa singular» (E2P37). «Aquellas cosas que son comunes a todas y están igualmente en la parte y en el todo, no se pueden concebir sino adecuadamente» (E2P38) «De aquí se sigue que existen algunas ideas o nociones comunes a todos los hombres, ya que todos los cuerpos convienen en ciertas cosas, las cuales deben ser percibidas adecuadamente, es decir, de forma clara y distinta» (E2P38C). «Todas las ideas que se siguen en la mente de ideas que en ella son adecuadas, también son adecuadas» (2E40). «Con ello he explicado la causa de las llamadas ‘nociones comunes’, que constituyen los fundamentos de nuestro raciocinio» (E2P40S1). [Otra manera de formar nociones universales] «3°) A partir, en fin, de que tenemos nociones comunes e ideas adecuadas de las propiedades de las cosas; y a éste le llamaré razón y conocimiento de segundo género». (E2P40S2)
[Tercer modo de conocimiento: intuición] «Además de estos dos géneros de conocimiento existe [...] un tercero, al que llamaremos ciencia intuitiva. Y este género de conocimiento procede de la idea adecuada de la esencia formal de algunos atributos de Dios al conocimiento adecuado de la esencia de las cosas» (E2P40S2; ver 2KV1,1; TIE §19).
[Método geométrico en el estudio del ser humano] «Parecerá extraño que me proponga examinar los vicios e inepcias humanas según el método geométrico y que pretenda demostrar de forma segura las mismas cosas que ellos pregonan ser contrarias a la razón, vanas, absurdas y dignas de horror. Pero mi razonamiento es el siguiente. En la naturaleza no sucede nada que pueda atribuirse a un vicio suyo, puesto que la naturaleza es siempre la misma, y única y la misma es en todas partes su virtud y potencia de obrar; es decir, que las leyes de la naturaleza y las reglas según las cuales se hacen todas las cosas y cambian de unas formas a otras, son en todo tiempo y lugar las mismas; y por tanto también debe ser una y la misma la forma de entender la naturaleza de las cosas, cualesquiera que sean, a saber, por medio de leyes y reglas universales de la naturaleza» (E3Praef, p. 138/7-18).
[Conato y deseo] «Cada cosa, en cuanto está en ella, se esfuerza por perseverar en su ser» (E3P6; ver TTP 16:189). «El conato con que cada cosa se esfuerza en perseverar en su ser, no es nada distinto de la esencia actual de la misma» (E3P7). «Tanto si tiene ideas claras y distintas como si tiene ideas confusas, el alma se esfuerza en perseverar en su ser por una duración indefinida y tiene conciencia de ese esfuerzo suyo» (E3P9). «Este conato, cuando se refiere sólo a la mente se llama voluntad; pero cuando se refiere a la vez a la mente y al cuerpo, se llama apetito. Este no es, pues, otra cosa que la misma esencia del hombre, de cuya naturaleza se siguen necesariamente aquellas cosas que contribuyen a su conservación y que el hombre está, por tanto, determinado a realizar. Por lo demás, entre apetito y deseo no hay ninguna diferencia, excepto que el deseo suele atribuirse a los hombres en cuanto que son conscientes de su apetito; y por eso puede definirse así: ‘el deseo es el apetito con la conciencia del mismo’» (E3P9A; ver E3AF1; 1KV5,1; 2KV17).
[Afectos pasivos y activos.] «Por afecto entiendo las afecciones del cuerpo, con las cuales se aumenta o disminuye, ayuda o estorba la potencia de obrar del mismo cuerpo, y al mismo tiempo las ideas de estas afecciones» (E3Def3). «Así, pues, si podemos ser causa adecuada de alguna de estas afecciones, entonces por afecto entiendo una acción, y en otro caso una pasión» (E3Def3, explicación). «Las acciones de la mente surgen sólo de las ideas adecuadas; las pasiones, en cambio, sólo dependen de las inadecuadas» (E3P3).
«La idea de todo aquello que aumenta o disminuye, ayuda o estorba la potencia de obrar de nuestro cuerpo, aumenta o disminuye, ayuda o estorba la potencia de pensar de nuestra alma» (E3P11). «Vemos, pues, que la mente puede sufrir grandes cambios y pasar ora a una mayor ora a una menor perfección; y estas pasiones nos explican los afectos de la alegría y la tristeza. En lo sucesivo entenderé, pues, por alegría la pasión por la que el alma pasa a una perfección mayor; por tristeza, en cambio, la pasión por la que la misma pasa a una perfección menor» (E3P11S).
[Valores subjetivos] «[...] nosotros no nos esforzamos, queremos, apetecemos ni deseamos algo porque juzgamos que es bueno, sino que, por el contrario, juzgamos que algo es bueno, porque nos esforzamos por ello, lo queremos, apetecemos y deseamos» (E3P9S). «[...] cada uno juzga o estima, según su afecto, qué es bueno, qué malo, qué mejor, qué peor y qué, en fin, lo mejor y qué lo peor» (E3P39S).
[Diversidad de afectos por objetos e individuos] «Se dan tantas especies de alegría, tristeza y deseo y, por tanto, de cada afecto que de éstos se compone [...] o que de éstos se deriva [...], como especies existen de objetos por los que somos afectados» (E3P56). «Cualquier afecto de cualquier individuo difiere tanto del afecto de otro individuo como la esencia del uno difiere de la esencia del otro» (3E57).
[Amor y odio] «El alma se esfuerza cuanto puede por imaginar aquellas cosas que aumentan o favorecen la potencia de obrar del cuerpo» (E3P12). «Cuando el alma imagina cosas que disminuyen o estorban la potencia de obrar del cuerpo, se esfuerza cuanto puede por recordar cosas que excluyen la existencia de aquellas» (E3P13). «A partir de aquí entendemos claramente qué es el amor y qué el odio. En efecto, el amor no es otra cosa que la alegría acompañada de la idea de una causa exterior; y el odio no es sino la tristeza acompañada de la idea de una causa exterior. Vemos. además, que quien ama, necesariamente se esfuerza por tener presente y conservar la cosa que ama; y, por el contrario, quien odia, se esfuerza por alejar y destruir la cosa que odia» (E3P13S).
[Ambición y enemistad] «También nos esforzaremos por hacer todo aquello que imaginamos que los hombres miran con alegría y, al contrario, rechazaremos todo lo que imaginamos que los hombres rechazan» (3E29). «De aquí [...] se sigue que cada cual se esfuerza cuanto puede por que los demás amen lo que él ama y odien lo que él odia; de ahí lo del poeta: ‘esperemos por igual y por igual temamos los amantes; de hierro es, si uno ama lo que otro deja’» (E3P31C). «Este esfuerzo por conseguir que todo el mundo apruebe lo que uno mismo ama u odia, es, en realidad, ambición. Y por eso vemos que, por naturaleza, cada cual desea que los demás vivan según su propio ingenio; y como todos lo desean por igual, por igual se estorban, y mientras todos quieren ser alabados o amados, todos se odian» (E3P31S; ver TP 1/5).
[Fluctuación de las pasiones] «Cualquier cosa puede ser, por accidente, causa de alegría, tristeza o deseo» (E3P15). (Y así), «por el solo hecho de que hemos contemplado con un afecto de alegría o de tristeza una cosa, que no es su causa eficiente, podemos amarla u odiarla» (E3P15C). «Esta disposición del alma, que surge de dos afectos contrarios, se llama fluctuación del ánimo, la cual se relaciona con el afecto como la duda con la imaginación, y entre la fluctuación del ánimo y la duda no hay más diferencia que la del más y el menos» (E3P17S).
[Política] [Discordias sociales] «Los hombres pueden discrepar en naturaleza en cuanto que soportan los conflictos de afectos que son pasiones; y en esa misma medida también, un solo y mismo hombre es variable e inconstante» (E4P33). «En cuanto que los hombres soportan afectos que son pasiones, pueden ser contrarios entre sí» (E4P34).
[Sociedad y consenso] «Sólo en cuanto que los hombres viven bajo la guía de la razón, concuerdan siempre y necesariamente en naturaleza» (E4P35). «El bien que apetece para sí todo aquel que persigue la virtud, lo deseará también para los demás hombres, y tanto más cuanto mayor conocimiento tenga de Dios» (E4P37). «Nadie puede dudar, sin embargo, cuánto más útil les sea a los hombres vivir según las leyes y seguros dictámenes de la razón, que [...] no buscan otra cosa que la verdadera utilidad humana. Ni nadie tampoco que no desee vivir, en cuanto pueda, con seguridad y sin miedo [...] Y, si consideramos, además, que sin la ayuda mutua los hombres viven necesariamente en la miseria y sin poder cultivar la razón [...] veremos con toda claridad que, para vivir seguros y lo mejor posible, los hombres tuvieron que unir necesariamente sus esfuerzos. Hicieron, pues, que el derecho a todas las cosas que cada uno tenía por naturaleza, lo poseyeran todos colectivamente [...] El derecho de dicha sociedad se llama democracia; ésta se define, pues, como la asociación general de los hombres que posee colegialmente el supremo derecho a todo lo que puede» (TTP 16:191-193; ver TP 2/15-17).
[Fundamento del Estado: la ley común] «Por consiguiente, un Estado cuya salvación depende de la buena fe de alguien y cuyos negocios sólo son bien administrados, si quienes los dirigen, quieren hacerlo con lealtad, no será en absoluto estable. Por el contrario, para que pueda mantenerse, sus asuntos públicos deben estar organizados de tal modo que quienes los administran, tanto si se guían por la razón como por la pasión, no puedan sentirse inducidos a ser desleales o a actuar de mala fe. Pues para la seguridad del Estado no importa qué impulsa a los hombres a administrar bien las cosas, con tal que sean bien administradas. En efecto, la libertad de espíritu o fortaleza es una virtud privada, mientras que la virtud del Estado es la seguridad» (TP 1/6; ver TP 7/2; TTP 17:202-3).
[Fin del Estado: razón y libertad] «Así como en el estado natural el hombre más poderoso es aquel que se guía por la razón, así también es más poderosa y más autónoma aquella sociedad que es fundada y regida por la razón. Pues el derecho de la sociedad se determina por el poder de la multitud que se rige como por una sola mente. Ahora bien, esta unión mental no podría ser concebida por motivo alguno, sino porque la sociedad busca, ante todo, aquello que la sana razón enseña ser útil a todos los hombres» (TP 3/7). «Cuando decimos, pues, que el mejor Estado es aquel en que los hombres llevan una vida pacífica, entendemos por vida humana aquella que se define, no por la sola circulación de la sangre y otras funciones comunes a todos los animales, sino, por encima de todo, por la razón, verdadera virtud y vida del alma» (TP 5/5). «El verdadero fin del Estado es, pues, la libertad» (TTP 20:240).
[Ética] [Valores objetivos] «Aquellas cosas que hacen que se conserve la proporción de movimiento y reposo, que tienen entre sí las partes del cuerpo humano, son buenas; y, al contrario, son malas aquellas que hacen que las partes del cuerpo humano tengan entre sí otra proporción de movimiento y reposo» (E4P39). «Por bien entenderé aquello que sabemos con certeza que nos es útil» (E4Def1). «El conocimiento del bien y del mal no es otra cosa que el afecto de alegría o de tristeza, en cuanto que somos conscientes de él» (E4P8).
[Impotencia de la razón] «La fuerza de una pasión o afecto puede superar las demás acciones o potencia del hombre, de suerte que ese afecto se adhiera pertinazmente al hombre» (E4P6). «El deseo que surge del conocimiento verdadero del bien y del mal, puede ser extinguido o reprimido por muchos otros deseos que surgen de los afectos que nos perturban» (E4P15). «De ahí lo del poeta ‘veo lo mejor y lo apruebo, pero sigo lo peor’. Y lo mismo parece haber pensado el Eclesiastés cuando dijo: ‘quien aumenta la ciencia, aumenta el dolor’» (E4E17S).
[La razón, virtud suprema] «Por virtud y potencia entiendo lo mismo; es decir, la virtud, en cuanto se refiere al hombre, es la misma esencia o naturaleza del hombre, en cuanto tiene el poder de hacer ciertas cosas que se pueden entender por las solas leyes de su naturaleza» (E4Def8) «No se puede afirmar categóricamente que el hombre obra por virtud, en cuanto que es determinado a obrar por tener ideas inadecuadas, sino tan sólo en cuanto que es determinado por el hecho de que entiende» (E4P23). «No sabemos con certeza que algo es bueno o malo, sino aquello que conduce realmente a entender o aquello que puede impedir que entendamos» (E4P27). «El supremo bien de la mente es el conocimiento de Dios y la suprema virtud del alma es conocer a Dios» (E4P29).
[Criterios morales] «Aquello que dispone al cuerpo humano para que pueda ser afectado de muchas formas o lo hace apto para afectar de muchas formas a los cuerpos exteriores, es útil al hombre, y tanto más útil cuanto más apto hace al cuerpo para ser afectado de muchas formas y afectar a otros cuerpos; y, al contrario, es nocivo lo que hace al cuerpo menos apto para ello» (4E38). «Las cosas que conducen a la sociedad común de los hombres o las que hacen que los hombres vivan en concordia, son útiles; y, al contrario, son malas las que provocan la discordia en la sociedad» (4E40). «La alegría no es directamente mala, sino buena; en cambio la tristeza es directamente mala» (4E41).
[Ideal del hombre libre] «El hombre libre en ninguna cosa piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es meditación de la muerte sino de la vida» (E4P67). «Si los hombres nacieran libres, no formarían ningún concepto del bien y del mal mientras fueran libres» (E4P68). «El hombre libre, que vive entre ignorantes, procura cuanto puede declinar sus favores» (E4P70). «Sólo los hombres libres son entre sí muy agradecidos» (E4P71). «El hombre libre nunca obra con dolo, sino siempre con buena fe» (E4P72). «El hombre que se guía por la razón, es más libre en el Estado, donde vive según el común decreto, que en la soledad, donde sólo se obedece a sí mismo» (E4P73).
[Remedios de las pasiones] «A todas las acciones, a las que somos determinados por un afecto que es pasión, podemos ser determinados sin él, por la razón» (E4P59). «El poder de la mente sobre los afectos consiste: 1°) en el mismo conocimiento de los afectos; 2°) en que separa los afectos de su causa exterior, que imaginamos confusamente; 3°) en el tiempo con que las afecciones, referidas a cosas que entendemos, superan a las referidas a cosas que concebimos de forma confusa o mutilada; 4°) en la multitud de causas con que son avivadas las afecciones que se refieren a las propiedades comunes de las cosas o a Dios; 5) por fin, en el orden con que el alma puede ordenar y concatenar mutuamente sus afectos» (E5P20S).
[Intuición y amor intelectual de Dios] «Cada idea de cualquier cuerpo o cosa singular existente en acto incluye necesariamente la esencia eterna e infinita de Dios» (E2P45). «El alma puede hacer que todas las afecciones del cuerpo o imágenes de las cosas se refieran a la idea de Dios» (E5P14). «Quien conoce clara y distintamente sus afectos, ama a Dios, y tanto más cuanto más se conoce a sí mismo y conoce sus afectos» (E5P15). «El amor intelectual de Dios, que surge del tercer género de conocimiento, es eterno» (E5P33; ver 2KV22-23).
[Eternidad del alma] «El alma humana no puede ser totalmente destruida con el cuerpo, sino que permanece algo de ella, que es eterno [...] No puede suceder, sin embargo, que nos acordemos de haber existido antes del cuerpo, puesto que ni hay de ello ningún vestigio en el cuerpo, ni la eternidad se define por el tiempo, ni puede tener con él relación alguna» (E5P23). «Quien tiene un cuerpo apto para muchísimas cosas, tiene un alma cuya mayor parte es eterna» (E5P39; ver 2KV24).
[La vida del sabio] «Por lo dicho está claro cuánto aventaja y es más poderoso el sabio que el ignorante, que se deja guiar por el solo apetito. Pues el ignorante, aparte de ser agitado de múltiples formas por causas exteriores y no gozar nunca de la verdadera quietud del ánimo, vive además como inconsciente de sí mismo y de Dios y de las cosas; y tan pronto deja de padecer, deja también de existir. Por el contrario, el sabio, en cuanto es considerado como tal, apenas si se conmueve en su ánimo, sino que, consciente de sí mismo y de Dios y de las cosas con cierta necesidad eterna, nunca deja de existir, sino que goza siempre de la verdadera quietud del ánimo. Y, si el camino que he demostrado que conduce aquí, parece sumamente difícil, puede, no obstante, ser hallado. Difícil sin duda tiene que ser lo que tan rara vez se halla. Pues, ¿cómo podría suceder que, si la salvación estuviera al alcance de la mano y pudiera ser encontrada sin gran esfuerzo, fuera por casi todos despreciada? Pero todo lo excelso es tan difícil como raro» (E5P42S; ver E4AP32).
BIBLIOGRAFÍA
DOMÍNGUEZ BASALO, A. Spinoza (1632-1677). Madrid: Orto, 1995.
SPINOZA. Correspondencia. Domínguez, A. (introd., trad. y notas). Madrid: Alianza Editorial, 1988.
SPINOZA. Ética. Domínguez, A. (introd., trad. y notas). Madrid: Trotta, 2000.
SPINOZA. Tratado Breve. Domínguez, A. (introd., trad. y notas). Madrid: Alianza Editorial, 1990.
SPINOZA. Tratado de la Reforma del Entendimiento. Principios de la Filosofía de Descartes. Pensamientos Metafísicos. Domínguez, A. (introd., trad. y notas). Madrid: Alianza Editorial, 1988.
SPINOZA. Tratado Político. A. Domínguez. (trad.). Madrid: Alianza Editorial, 1986.
SPINOZA. Tratado Teológico-Político. A. Domínguez (introd., trad. y notas). Madrid: Alianza Editorial, 1986 (1ª ed.), 2003 (2ª ed.).
[Felicidad y medios] «Este es, pues, el fin al que tiendo: adquirir tal naturaleza [humana] y procurar que muchos la adquieran conmigo; es decir, que a mi felicidad pertenece contribuir a que otros muchos entiendan lo mismo que yo, a fin de que su entendimiento y su deseo concuerden totalmente con mi entendimiento y con mi deseo. Para que sea efectivamente así, es necesario entender la Naturaleza, en tanto en cuanto sea suficiente para conseguir aquella naturaleza [humana]. Es necesario, además, formar una sociedad tal como cabría desear, a fin de que el mayor número posible de individuos alcance dicha naturaleza con la máxima facilidad y seguridad» (TlE §14; ver E4AP3-9).
[Idea de Dios y método deductivo] «El método no es más que el conocimiento reflexivo o la idea de la idea. Y, como no hay idea de idea, si no da primero la idea, no se dará tampoco método sin que dé primero la idea. Por consiguiente, buen método será aquél que muestra cómo hay que dirigir la mente conforme a la norma de la idea verdadera dada. Como, además, la relación que existe entre dos ideas es la misma que se da entre sus esencias formales, se sigue que el conocimiento reflexivo, que versa sobre la idea del ser perfectísimo, es más valioso que el conocimiento reflexivo de las demás ideas. En una palabra, el método más perfecto será aquel que muestra, conforme a la norma de la idea dada del ser más perfecto, cómo hay que dirigir la mente» (TIE §38). «Resulta evidente que, para que nuestra mente reproduzca perfectamente el modelo de la Naturaleza, debe hacer surgir todas sus ideas a partir de aquella que expresa el origen y la fuente de toda a Naturaleza, a fin de que también ella sea la fuente de las demás ideas» (TIE §42; ver TIE §99; E2P7C).
[Definiciones] «Por causa de sí entiendo aquello cuya esencia implica la existencia o aquello cuya naturaleza no se puede concebir sino como existente» (E1Def1).
«Se llama finita en su género aquella cosa que es limitada por otra de la misma naturaleza» (E1Def2).
«Por sustancia entiendo aquello que es en sí y se concibe por sí, es decir, aquello cuyo concepto no necesita el concepto de otra cosa para ser formado a partir de él» (E1Def3).
«Por atributo entiendo aquello que el entendimiento percibe de una sustancia como constitutivo de su esencia» (E1Def4).
«Por modo entiendo las afecciones de la sustancia. o sea, aquello que es en otro, por medio del cual también es concebido» (E1Def5).
«Por Dios entiendo el ser absolutamente infinito, e decir, la sustancia que consta de infinitos atributos, cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita» (E1Def6).
«Se llamará libre aquella cosa que existe por la sola necesidad de su naturaleza y se determina por sí sola a obrar. Necesaria, en cambio, o más, bien coaccionada, aquella que es determinada por otra a existir y a obrar según una razón cierta y determinada» (E1Def7).
«Por eternidad entiendo la existencia misma, en cuanto se concibe que se sigue necesariamente de la sola definición de una cosa eterna» (E1Def8).
[Axiomas] «Todo lo que es, o es en sí o en otro» (E1Ax1).
«De una causa dada y determinada se sigue necesariamente un efecto y, al contrario, si no se da una causa determinada, es imposible que se siga un efecto» (E1Ax3).
«El conocimiento del efecto depende del conocimiento de la causa y lo implica» (E1Ax4)
«Una idea verdadera debe convenir con lo ideado por ella» (E1Ax6).
[Dios y naturaleza] «Todo lo que es, es en Dios, y sin Dios nada puede ser ni ser concebido» (E1P15). «De la necesidad de la naturaleza divina deben seguirse infinitas cosas en infinitos modos, esto es, todo cuanto puede caer bajo el entendimiento infinito» (E1P16).
[Hombre] «A la esencia del hombre no pertenece el ser de la sustancia, o sea, la sustancia no constituye la forma del hombre» (E2P10). «De donde se sigue que la esencia del hombre está constituida por ciertas modificaciones de los atributos de Dios» (E2P10C). «Lo primero que constituye el ser actual de la mente humana no es otra cosa que la idea de alguna cosa singular que existe en acto» (E2P11). «De aquí se sigue que la mente humana es una parte del entendimiento infinito de Dios» (E2P11C).
[Mente y cuerpo] «El objeto de la idea que constituye la mente humana, es el cuerpo, o sea, cierto modo de la extensión que existe en acto, y no otra cosa» (E2P13). «De donde se sigue que el hombre consta de mente y cuerpo y que el cuerpo humano existe tal como lo sentimos» (E2P13C). «Con esto no sólo entendemos que la mente humana está unida al cuerpo, sino también qué hay que entender por unión de mente y cuerpo. Pero nadie podrá entenderla de forma adecuada o distinta, a menos que conozca antes adecuadamente la naturaleza de nuestro cuerpo» (E2P13S).
[Los cuerpos] «Cuando algunos cuerpos de la misma o distinta magnitud son forzados por otros a que choquen entre sí o, si se mueven con el mismo o con distintos grados de rapidez, a que se comuniquen unos a otros sus movimientos en cierta proporción; diremos que dichos cuerpos están unidos entre sí y que todos a la vez forman un solo cuerpo o individuo, que se distingue de los demás por esta unión de cuerpos» (E2P13SDef).
«Si las partes que constituyen un individuo, se hacen mayores o menores, pero en tal proporción que todas mantengan entre sí la misma relación de movimiento y reposo que antes, también el individuo mantendrá su naturaleza como antes, sin ningún cambio de forma» (E2P13S, Lema 5). «El cuerpo humano está compuesto de muchísimos individuos (de diversa naturaleza), cada uno de los cuales es muy compuesto» (E2P13S, Post 1).
[Primer modo de conocimiento: imaginación] «La idea de un modo cualquiera, con que el cuerpo humano es afectado por los cuerpos exteriores, debe implicar la naturaleza del cuerpo humano y, a la vez, la naturaleza del cuerpo exterior» (E1P16). «De aquí se sigue que las ideas que tenemos de los cuerpos exteriores, indican más la constitución de nuestro cuerpo que la naturaleza de los cuerpos exteriores» (E2P16C2).
«Si el cuerpo humano ha sido afectado por un modo que implica la naturaleza de un cuerpo exterior, la mente humana contemplará ese cuerpo exterior como actualmente existente o como presente, hasta que el cuerpo sea afectado por un afecto que excluya la existencia o la presencia de dicho cuerpo» (2E17). «A las afecciones del cuerpo humano, cuyas ideas nos representan los cuerpos exteriores como presentes, las llamaremos imágenes, aunque no reproducen las figuras de las cosas; y cuando la mente contempla así los cuerpos, diremos que los imagina». (E2P17S)
«[...] a fin de comenzar a indicar qué es el error. quisiera que observarais que las imaginaciones de la mente, consideradas en sí mismas, no contienen error alguno, es decir, que la mente no yerra por imaginar, sino tan sólo en cuanto se considera que carece de una idea que excluya la existencia de aquellas cosas que imagina presentes» (E2P17S; ver IE,81-90; 1CM1).
«Por cuanto llevamos dicho aparece claramente que percibimos muchas cosas y formamos nociones universales: 1°) a partir de cosas singulares que nos son representadas a través de los sentidos de forma mutilada, confusa y sin orden para el entendimiento; y por eso suelo calificar tales percepciones como conocimiento por experiencia vaga. 2°) A partir de signos, como, por ejemplo, que al oir o leer ciertas palabras recordemos las cosas y formemos de ellas algunas ideas semejantes a aquellas con que solemos imaginarlas. A estos dos modos de contemplar las cosas los llamaré en adelante conocimiento de primer género, opinión o imaginación» (E2P40S2).
[Segundo modo de conocimiento: razón y nociones comunes] «Aquello que es común a todas las cosas y está igualmente en la parte y en el todo, no constituye la esencia de ninguna cosa singular» (E2P37). «Aquellas cosas que son comunes a todas y están igualmente en la parte y en el todo, no se pueden concebir sino adecuadamente» (E2P38) «De aquí se sigue que existen algunas ideas o nociones comunes a todos los hombres, ya que todos los cuerpos convienen en ciertas cosas, las cuales deben ser percibidas adecuadamente, es decir, de forma clara y distinta» (E2P38C). «Todas las ideas que se siguen en la mente de ideas que en ella son adecuadas, también son adecuadas» (2E40). «Con ello he explicado la causa de las llamadas ‘nociones comunes’, que constituyen los fundamentos de nuestro raciocinio» (E2P40S1). [Otra manera de formar nociones universales] «3°) A partir, en fin, de que tenemos nociones comunes e ideas adecuadas de las propiedades de las cosas; y a éste le llamaré razón y conocimiento de segundo género». (E2P40S2)
[Tercer modo de conocimiento: intuición] «Además de estos dos géneros de conocimiento existe [...] un tercero, al que llamaremos ciencia intuitiva. Y este género de conocimiento procede de la idea adecuada de la esencia formal de algunos atributos de Dios al conocimiento adecuado de la esencia de las cosas» (E2P40S2; ver 2KV1,1; TIE §19).
[Método geométrico en el estudio del ser humano] «Parecerá extraño que me proponga examinar los vicios e inepcias humanas según el método geométrico y que pretenda demostrar de forma segura las mismas cosas que ellos pregonan ser contrarias a la razón, vanas, absurdas y dignas de horror. Pero mi razonamiento es el siguiente. En la naturaleza no sucede nada que pueda atribuirse a un vicio suyo, puesto que la naturaleza es siempre la misma, y única y la misma es en todas partes su virtud y potencia de obrar; es decir, que las leyes de la naturaleza y las reglas según las cuales se hacen todas las cosas y cambian de unas formas a otras, son en todo tiempo y lugar las mismas; y por tanto también debe ser una y la misma la forma de entender la naturaleza de las cosas, cualesquiera que sean, a saber, por medio de leyes y reglas universales de la naturaleza» (E3Praef, p. 138/7-18).
[Conato y deseo] «Cada cosa, en cuanto está en ella, se esfuerza por perseverar en su ser» (E3P6; ver TTP 16:189). «El conato con que cada cosa se esfuerza en perseverar en su ser, no es nada distinto de la esencia actual de la misma» (E3P7). «Tanto si tiene ideas claras y distintas como si tiene ideas confusas, el alma se esfuerza en perseverar en su ser por una duración indefinida y tiene conciencia de ese esfuerzo suyo» (E3P9). «Este conato, cuando se refiere sólo a la mente se llama voluntad; pero cuando se refiere a la vez a la mente y al cuerpo, se llama apetito. Este no es, pues, otra cosa que la misma esencia del hombre, de cuya naturaleza se siguen necesariamente aquellas cosas que contribuyen a su conservación y que el hombre está, por tanto, determinado a realizar. Por lo demás, entre apetito y deseo no hay ninguna diferencia, excepto que el deseo suele atribuirse a los hombres en cuanto que son conscientes de su apetito; y por eso puede definirse así: ‘el deseo es el apetito con la conciencia del mismo’» (E3P9A; ver E3AF1; 1KV5,1; 2KV17).
[Afectos pasivos y activos.] «Por afecto entiendo las afecciones del cuerpo, con las cuales se aumenta o disminuye, ayuda o estorba la potencia de obrar del mismo cuerpo, y al mismo tiempo las ideas de estas afecciones» (E3Def3). «Así, pues, si podemos ser causa adecuada de alguna de estas afecciones, entonces por afecto entiendo una acción, y en otro caso una pasión» (E3Def3, explicación). «Las acciones de la mente surgen sólo de las ideas adecuadas; las pasiones, en cambio, sólo dependen de las inadecuadas» (E3P3).
«La idea de todo aquello que aumenta o disminuye, ayuda o estorba la potencia de obrar de nuestro cuerpo, aumenta o disminuye, ayuda o estorba la potencia de pensar de nuestra alma» (E3P11). «Vemos, pues, que la mente puede sufrir grandes cambios y pasar ora a una mayor ora a una menor perfección; y estas pasiones nos explican los afectos de la alegría y la tristeza. En lo sucesivo entenderé, pues, por alegría la pasión por la que el alma pasa a una perfección mayor; por tristeza, en cambio, la pasión por la que la misma pasa a una perfección menor» (E3P11S).
[Valores subjetivos] «[...] nosotros no nos esforzamos, queremos, apetecemos ni deseamos algo porque juzgamos que es bueno, sino que, por el contrario, juzgamos que algo es bueno, porque nos esforzamos por ello, lo queremos, apetecemos y deseamos» (E3P9S). «[...] cada uno juzga o estima, según su afecto, qué es bueno, qué malo, qué mejor, qué peor y qué, en fin, lo mejor y qué lo peor» (E3P39S).
[Diversidad de afectos por objetos e individuos] «Se dan tantas especies de alegría, tristeza y deseo y, por tanto, de cada afecto que de éstos se compone [...] o que de éstos se deriva [...], como especies existen de objetos por los que somos afectados» (E3P56). «Cualquier afecto de cualquier individuo difiere tanto del afecto de otro individuo como la esencia del uno difiere de la esencia del otro» (3E57).
[Amor y odio] «El alma se esfuerza cuanto puede por imaginar aquellas cosas que aumentan o favorecen la potencia de obrar del cuerpo» (E3P12). «Cuando el alma imagina cosas que disminuyen o estorban la potencia de obrar del cuerpo, se esfuerza cuanto puede por recordar cosas que excluyen la existencia de aquellas» (E3P13). «A partir de aquí entendemos claramente qué es el amor y qué el odio. En efecto, el amor no es otra cosa que la alegría acompañada de la idea de una causa exterior; y el odio no es sino la tristeza acompañada de la idea de una causa exterior. Vemos. además, que quien ama, necesariamente se esfuerza por tener presente y conservar la cosa que ama; y, por el contrario, quien odia, se esfuerza por alejar y destruir la cosa que odia» (E3P13S).
[Ambición y enemistad] «También nos esforzaremos por hacer todo aquello que imaginamos que los hombres miran con alegría y, al contrario, rechazaremos todo lo que imaginamos que los hombres rechazan» (3E29). «De aquí [...] se sigue que cada cual se esfuerza cuanto puede por que los demás amen lo que él ama y odien lo que él odia; de ahí lo del poeta: ‘esperemos por igual y por igual temamos los amantes; de hierro es, si uno ama lo que otro deja’» (E3P31C). «Este esfuerzo por conseguir que todo el mundo apruebe lo que uno mismo ama u odia, es, en realidad, ambición. Y por eso vemos que, por naturaleza, cada cual desea que los demás vivan según su propio ingenio; y como todos lo desean por igual, por igual se estorban, y mientras todos quieren ser alabados o amados, todos se odian» (E3P31S; ver TP 1/5).
[Fluctuación de las pasiones] «Cualquier cosa puede ser, por accidente, causa de alegría, tristeza o deseo» (E3P15). (Y así), «por el solo hecho de que hemos contemplado con un afecto de alegría o de tristeza una cosa, que no es su causa eficiente, podemos amarla u odiarla» (E3P15C). «Esta disposición del alma, que surge de dos afectos contrarios, se llama fluctuación del ánimo, la cual se relaciona con el afecto como la duda con la imaginación, y entre la fluctuación del ánimo y la duda no hay más diferencia que la del más y el menos» (E3P17S).
[Política] [Discordias sociales] «Los hombres pueden discrepar en naturaleza en cuanto que soportan los conflictos de afectos que son pasiones; y en esa misma medida también, un solo y mismo hombre es variable e inconstante» (E4P33). «En cuanto que los hombres soportan afectos que son pasiones, pueden ser contrarios entre sí» (E4P34).
[Sociedad y consenso] «Sólo en cuanto que los hombres viven bajo la guía de la razón, concuerdan siempre y necesariamente en naturaleza» (E4P35). «El bien que apetece para sí todo aquel que persigue la virtud, lo deseará también para los demás hombres, y tanto más cuanto mayor conocimiento tenga de Dios» (E4P37). «Nadie puede dudar, sin embargo, cuánto más útil les sea a los hombres vivir según las leyes y seguros dictámenes de la razón, que [...] no buscan otra cosa que la verdadera utilidad humana. Ni nadie tampoco que no desee vivir, en cuanto pueda, con seguridad y sin miedo [...] Y, si consideramos, además, que sin la ayuda mutua los hombres viven necesariamente en la miseria y sin poder cultivar la razón [...] veremos con toda claridad que, para vivir seguros y lo mejor posible, los hombres tuvieron que unir necesariamente sus esfuerzos. Hicieron, pues, que el derecho a todas las cosas que cada uno tenía por naturaleza, lo poseyeran todos colectivamente [...] El derecho de dicha sociedad se llama democracia; ésta se define, pues, como la asociación general de los hombres que posee colegialmente el supremo derecho a todo lo que puede» (TTP 16:191-193; ver TP 2/15-17).
[Fundamento del Estado: la ley común] «Por consiguiente, un Estado cuya salvación depende de la buena fe de alguien y cuyos negocios sólo son bien administrados, si quienes los dirigen, quieren hacerlo con lealtad, no será en absoluto estable. Por el contrario, para que pueda mantenerse, sus asuntos públicos deben estar organizados de tal modo que quienes los administran, tanto si se guían por la razón como por la pasión, no puedan sentirse inducidos a ser desleales o a actuar de mala fe. Pues para la seguridad del Estado no importa qué impulsa a los hombres a administrar bien las cosas, con tal que sean bien administradas. En efecto, la libertad de espíritu o fortaleza es una virtud privada, mientras que la virtud del Estado es la seguridad» (TP 1/6; ver TP 7/2; TTP 17:202-3).
[Fin del Estado: razón y libertad] «Así como en el estado natural el hombre más poderoso es aquel que se guía por la razón, así también es más poderosa y más autónoma aquella sociedad que es fundada y regida por la razón. Pues el derecho de la sociedad se determina por el poder de la multitud que se rige como por una sola mente. Ahora bien, esta unión mental no podría ser concebida por motivo alguno, sino porque la sociedad busca, ante todo, aquello que la sana razón enseña ser útil a todos los hombres» (TP 3/7). «Cuando decimos, pues, que el mejor Estado es aquel en que los hombres llevan una vida pacífica, entendemos por vida humana aquella que se define, no por la sola circulación de la sangre y otras funciones comunes a todos los animales, sino, por encima de todo, por la razón, verdadera virtud y vida del alma» (TP 5/5). «El verdadero fin del Estado es, pues, la libertad» (TTP 20:240).
[Ética] [Valores objetivos] «Aquellas cosas que hacen que se conserve la proporción de movimiento y reposo, que tienen entre sí las partes del cuerpo humano, son buenas; y, al contrario, son malas aquellas que hacen que las partes del cuerpo humano tengan entre sí otra proporción de movimiento y reposo» (E4P39). «Por bien entenderé aquello que sabemos con certeza que nos es útil» (E4Def1). «El conocimiento del bien y del mal no es otra cosa que el afecto de alegría o de tristeza, en cuanto que somos conscientes de él» (E4P8).
[Impotencia de la razón] «La fuerza de una pasión o afecto puede superar las demás acciones o potencia del hombre, de suerte que ese afecto se adhiera pertinazmente al hombre» (E4P6). «El deseo que surge del conocimiento verdadero del bien y del mal, puede ser extinguido o reprimido por muchos otros deseos que surgen de los afectos que nos perturban» (E4P15). «De ahí lo del poeta ‘veo lo mejor y lo apruebo, pero sigo lo peor’. Y lo mismo parece haber pensado el Eclesiastés cuando dijo: ‘quien aumenta la ciencia, aumenta el dolor’» (E4E17S).
[La razón, virtud suprema] «Por virtud y potencia entiendo lo mismo; es decir, la virtud, en cuanto se refiere al hombre, es la misma esencia o naturaleza del hombre, en cuanto tiene el poder de hacer ciertas cosas que se pueden entender por las solas leyes de su naturaleza» (E4Def8) «No se puede afirmar categóricamente que el hombre obra por virtud, en cuanto que es determinado a obrar por tener ideas inadecuadas, sino tan sólo en cuanto que es determinado por el hecho de que entiende» (E4P23). «No sabemos con certeza que algo es bueno o malo, sino aquello que conduce realmente a entender o aquello que puede impedir que entendamos» (E4P27). «El supremo bien de la mente es el conocimiento de Dios y la suprema virtud del alma es conocer a Dios» (E4P29).
[Criterios morales] «Aquello que dispone al cuerpo humano para que pueda ser afectado de muchas formas o lo hace apto para afectar de muchas formas a los cuerpos exteriores, es útil al hombre, y tanto más útil cuanto más apto hace al cuerpo para ser afectado de muchas formas y afectar a otros cuerpos; y, al contrario, es nocivo lo que hace al cuerpo menos apto para ello» (4E38). «Las cosas que conducen a la sociedad común de los hombres o las que hacen que los hombres vivan en concordia, son útiles; y, al contrario, son malas las que provocan la discordia en la sociedad» (4E40). «La alegría no es directamente mala, sino buena; en cambio la tristeza es directamente mala» (4E41).
[Ideal del hombre libre] «El hombre libre en ninguna cosa piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es meditación de la muerte sino de la vida» (E4P67). «Si los hombres nacieran libres, no formarían ningún concepto del bien y del mal mientras fueran libres» (E4P68). «El hombre libre, que vive entre ignorantes, procura cuanto puede declinar sus favores» (E4P70). «Sólo los hombres libres son entre sí muy agradecidos» (E4P71). «El hombre libre nunca obra con dolo, sino siempre con buena fe» (E4P72). «El hombre que se guía por la razón, es más libre en el Estado, donde vive según el común decreto, que en la soledad, donde sólo se obedece a sí mismo» (E4P73).
[Remedios de las pasiones] «A todas las acciones, a las que somos determinados por un afecto que es pasión, podemos ser determinados sin él, por la razón» (E4P59). «El poder de la mente sobre los afectos consiste: 1°) en el mismo conocimiento de los afectos; 2°) en que separa los afectos de su causa exterior, que imaginamos confusamente; 3°) en el tiempo con que las afecciones, referidas a cosas que entendemos, superan a las referidas a cosas que concebimos de forma confusa o mutilada; 4°) en la multitud de causas con que son avivadas las afecciones que se refieren a las propiedades comunes de las cosas o a Dios; 5) por fin, en el orden con que el alma puede ordenar y concatenar mutuamente sus afectos» (E5P20S).
[Intuición y amor intelectual de Dios] «Cada idea de cualquier cuerpo o cosa singular existente en acto incluye necesariamente la esencia eterna e infinita de Dios» (E2P45). «El alma puede hacer que todas las afecciones del cuerpo o imágenes de las cosas se refieran a la idea de Dios» (E5P14). «Quien conoce clara y distintamente sus afectos, ama a Dios, y tanto más cuanto más se conoce a sí mismo y conoce sus afectos» (E5P15). «El amor intelectual de Dios, que surge del tercer género de conocimiento, es eterno» (E5P33; ver 2KV22-23).
[Eternidad del alma] «El alma humana no puede ser totalmente destruida con el cuerpo, sino que permanece algo de ella, que es eterno [...] No puede suceder, sin embargo, que nos acordemos de haber existido antes del cuerpo, puesto que ni hay de ello ningún vestigio en el cuerpo, ni la eternidad se define por el tiempo, ni puede tener con él relación alguna» (E5P23). «Quien tiene un cuerpo apto para muchísimas cosas, tiene un alma cuya mayor parte es eterna» (E5P39; ver 2KV24).
[La vida del sabio] «Por lo dicho está claro cuánto aventaja y es más poderoso el sabio que el ignorante, que se deja guiar por el solo apetito. Pues el ignorante, aparte de ser agitado de múltiples formas por causas exteriores y no gozar nunca de la verdadera quietud del ánimo, vive además como inconsciente de sí mismo y de Dios y de las cosas; y tan pronto deja de padecer, deja también de existir. Por el contrario, el sabio, en cuanto es considerado como tal, apenas si se conmueve en su ánimo, sino que, consciente de sí mismo y de Dios y de las cosas con cierta necesidad eterna, nunca deja de existir, sino que goza siempre de la verdadera quietud del ánimo. Y, si el camino que he demostrado que conduce aquí, parece sumamente difícil, puede, no obstante, ser hallado. Difícil sin duda tiene que ser lo que tan rara vez se halla. Pues, ¿cómo podría suceder que, si la salvación estuviera al alcance de la mano y pudiera ser encontrada sin gran esfuerzo, fuera por casi todos despreciada? Pero todo lo excelso es tan difícil como raro» (E5P42S; ver E4AP32).
BIBLIOGRAFÍA
DOMÍNGUEZ BASALO, A. Spinoza (1632-1677). Madrid: Orto, 1995.
SPINOZA. Correspondencia. Domínguez, A. (introd., trad. y notas). Madrid: Alianza Editorial, 1988.
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SPINOZA. Tratado Breve. Domínguez, A. (introd., trad. y notas). Madrid: Alianza Editorial, 1990.
SPINOZA. Tratado de la Reforma del Entendimiento. Principios de la Filosofía de Descartes. Pensamientos Metafísicos. Domínguez, A. (introd., trad. y notas). Madrid: Alianza Editorial, 1988.
SPINOZA. Tratado Político. A. Domínguez. (trad.). Madrid: Alianza Editorial, 1986.
SPINOZA. Tratado Teológico-Político. A. Domínguez (introd., trad. y notas). Madrid: Alianza Editorial, 1986 (1ª ed.), 2003 (2ª ed.).
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